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Las granjas “autosostenibles” y la pobreza
Posted under ArticulosRecuerdo que en la década del 70, participé activamente por varios años del Programa de Granjas Escolares, Familiares y Comunitarias del Ministerio de Salud. En estas, se le daba a cada proyecto, además de los insumos necesarios, y la asistencia técnica, un tractor Kubota, con su equipo. Me parece que se entregaron más de mil tractores de estos a otros tantos proyectos. Este programa se canceló con el cambio de ministro, y a finales de la misma década, no existía un solo proyecto funcionando, y menos de 100 tractores que aún funcionaban, y esto porque algunas personas de la comunidad se habían encargado personalmente de cuidarlos. Nunca se me ocurrió llamar a estas granjas de “auto sostenibles” o “auto sustentables”, porque, precisamente, son los proyectos agrícolas más subsidiados y dependientes que existen. Fuera de demagogias, estos proyectos se deben ver y tratar como son: una beneficencia del Estado, un subsidio social. Jamás serían rentables o “auto-sostenibles” por cuestiones culturales, técnicas y económicas.
La idea de las granjas comunales, surgió en la época de la posguerra, con los proyectos 4S y granjas subsidiadas por la AID, de EU. Después, se creyó que se podían incorporar ideas de los kibbutz de Israel a este concepto. Y surgieron los “asentamientos campesinos”, otra idea que fracasó desde un punto de vista empresarial, aunque no del político. Los bancos estatales aún conservan deudas incobrables por cientos de millones otorgadas a los asentamientos campesinos. Desde esta época ha habido numerosos proyectos similares, y todos han tenido corta vida. Es casi cómico pensar que un técnico novato va a enseñarle a un campesino cómo sembrar yuca o cultivar tomates. Lo que le interesa a las comunidades pobres es, ni más ni menos, la comida, la ayuda material y a corto plazo.
Hace poco tiempo, surgió una polémica pública debido a que el Mida hizo una inspección técnica de estas granjas, y halló la realidad. Qué no eran “auto sostenibles” sino “mantenidas”, y bastante ineficientes. La experiencia de más de 50 años en este tema nos dice que a cualquiera de estos proyectos, si se les quita la ayuda o subsidio, dejan de funcionar en poco tiempo. Aparte de la docencia ejercida por los técnicos en la comunidad, y el valor político de estos subsidios, la “eficiencia” y “productividad” real son inexistentes. El patronato responsable por las granjas, como réplica, publicó una serie de artículos en los que se demostraba la producción y el valor de esta en algunos proyectos, pero omitieron cuánto se había gastado en esto. Hay historias jocosas de tomates, cuyo valor llega a 20 dólares por unidad.
Hace poco, el ministro del Mida, licenciado Laurentino Cortizo, demostró conocer la realidad de este asunto. Reveló que el Ejecutivo no negociará en el futuro, nuevos préstamos con organismos internacionales para combatir la pobreza rural que impliquen gastos de operación que excedan en 10% del monto total del crédito.—¡Nada más acertado¡ Y la verdad es que puso el dedo en la llaga— Los que se están beneficiando de estos proyectos no son los campesinos pobres, sino las ONGs y funcionarios de instituciones que manejan los fondos… Me decía un colega, que, más o menos, de cada 100 balboas del presupuesto de uno de estos proyectos, cerca del 30, son para el salario del técnico, 30 para gastos administrativos, 20 para vehículos, combustible y mantenimiento, 10 para viáticos, y sólo quedan 10 dólares para el proyecto. Además, me dicen que muchos de estos proyectos no están relacionados con gente pobre, sino en fincas de personas pudientes, lo que es una clase de corrupción execrable, pues se aprovecha del dinero de los pobres.
Alguien hace tiempo me dijo, que sería más eficiente y productivo para combatir la pobreza rural, que los gobiernos entreguen directamente el dinero o los alimentos a los campesinos. Así no se derrocharía inútilmente la plata en burocracia de dudosa utilidad, y esto tendría un valor político mayor y sí contribuiría a aliviar los problemas de pobreza. Por esta razón la idea del actual gobierno de los “bonos de alimentos” es acertada. Lo importante es combatir la pobreza, de la manera más eficiente para los necesitados, no para las ONG ni los gobiernos… También sería recomendable que se hiciera una estricta auditoría técnica y financiera a cada uno de estos proyectos, para deslindar responsabilidades.